Los cambios psicológicos durante el embarazo

      Cuando una mujer se embaraza sabe que vendrán 9 meses en los que afrontará muchos cambios a nivel físico, pero también se viven grandes cambios a nivel emocional que a menudo aparecen de forma inesperada.

      Prepararnos para ser madres es una tarea física y psicológica muy compleja que ocurre en un período relativamente corto de tiempo en el que es posible replantearse cambios importantes en la dinámica de nuestro día a día. Lo “maternal” no es solamente algo que se despierta de manera instintiva, sino que también contiene elementos culturales de la época y la sociedad en la que vivimos, junto con aprendizajes de nuestras propias vivencias. La maternidad es un proceso que se va organizando en las mujeres desde la infancia, sobre todo a través de la relación con la propia madre.

      Psicológicamente, el embarazo conlleva un antes y un después en los intereses y prioridades de las mujeres y es el comienzo de la compleja relación madre-hij@. Dentro de un embarazo normal se pasa por tres fases importantes:

      La primera fase

      Comienza con la confirmación del embarazo y se extiende hasta las 15 semanas, aproximadamente. Durante esta fase la mujer sube a una noria de sentimientos y emociones que, por una parte, se debe al gran trabajo físico que está realizando su cuerpo (lo cual implica fuertes subidas y bajadas hormonales) y, por otra, a un intenso trabajo a nivel psíquico.

      Al confirmar un positivo se puede sentir simultáneamente alegría, ansiedad, júbilo, miedo, incertidumbre, dudas, impaciencia, etc. Muchas veces estos sentimientos se contradicen entre sí, y se vivirán con mayor o menor intensidad dependiendo de los factores personales y circunstanciales de cada una. Algunos de estos factores están relacionados directamente con la vivencia de la maternidad: si se es primeriza o no, si se tiene mucho tiempo intentando o ha sido un embarazo inesperado, si se ha tenido alguna pérdida gestacional o perinatal previa, si se está haciendo uso de reproducción asistida, etc. Otros factores están relacionados con la personalidad y situación vital de cada mujer, por ejemplo: no lo vivirá de la misma manera una persona tranquila, a una que es muy nerviosa.

      En esta primera fase del embarazo, las mujeres pueden tener dos vivencias de angustia más o menos importantes: la más consciente está asociada a los cambios que empieza a experimentar el cuerpo, y la otra, menos consciente, es el temor a que el bebé que se está gestando no se desarrolle adecuadamente.

      Por otro lado, a partir de que una mujer sabe que está embarazada, consciente o inconscientemente, comienza un trabajo intenso en relación a la propia infancia y a la propia madre, a la propia vivencia como hija, esto muchas veces puede resultar doloroso o desconcertante y requiere de cierto esfuerzo y trabajo personal.

      De este modo, la embarazada pasa por períodos de turbulencias emocionales llenos de sentimientos contradictorios que se alternan constantemente. Es normal pasar de la alegría al llanto o de la tranquilidad al enfado en cuestión de minutos. Estos cambios de humor son consecuencia de los cambios hormonales de la gestación, pero también de estas angustias que están operando en su interior.

      La segunda fase

      Se inicia a partir de la percepción de los movimientos del bebé y se prolonga aproximadamente hasta la semana 34. Alrededor de la semana 16, las mujeres comienzan a percibir los movimientos de su bebé, dicha percepción permite el reconocimiento de la criatura que, aunque se encuentra en el refugio del útero materno, empieza a ser reconocida como un ser independiente y autónomo, con una vida en sí misma que la madre no puede controlar.

      Éste es el período más importante, pues es a partir de la percepción del bebé que realmente empiezan a aparecer sentimientos maternales: el deseo y el placer de sustentar al hij@, de dar sostén y apoyo a ese ser que por ahora es dependiente de ti porque vive dentro de tu cuerpo, pero que al mismo tiempo comienza a diferenciarse y manifestarse como otro ser.

      También es frecuente durante este período revivir algunas experiencias de la infancia y de la relación con la propia madre, incluso llegando a sentir nuevamente la propia vulnerabilidad infantil. Es un período muy intenso en el que una se puede encontrar reconciliándose con algunos aspectos de la propia madre o, por el contrario, enfrentándose al dolor de antiguas heridas que creías sanadas o traumas infantiles supuestamente superados. La reaparición de estas vivencias van ligadas al deseo de proteger al futuro hij@ de cualquier padecimiento que una haya sufrido. La manera como cada mujer se ha relacionado con madre influirá en la manera en la que ella se vinculará con sus hij@s, ya que la identidad adquirida está vinculada a la relación materna primaria.

      A partir de la diferenciación del bebé, y a medida que sus movimientos se van haciendo más fuertes y pueden ser percibidos por el padre, las fantasías y expectativas entorno al futur@ hij@ cobran mucha más presencia. De hecho, de este conjunto de expectativas, basadas en representaciones de relaciones pasadas tanto del padre como de la madre, nace el “hij@ imaginario”. Muchas veces merece la pena hacer un trabajo de concientización de estas fantasías debido a que no son insignificantes ni sin consecuencias para la relación con el hij@ real y podrían generar ruido en la instauración del vínculo si la criatura no cumple con las expectativas o deseos del bebé fantaseado.

      Las reacciones y respuestas de las madres a los movimientos fetales son muy variadas. Cuando ocurren las primeras veces suele haber un poco de duda hasta que la percepción se hace más frecuente, entonces hay quienes se relajan y comienzan a sentirse realmente embarazadas disfrutando del movimiento, mientras que otras lo viven con cierta ansiedad, atribuyendo significados agresivos al movimiento del bebé; si este es el caso puede que valga la pena hacer un pequeño trabajo personal antes del nacimiento de la criatura con un psicólog@ especializado en maternidad.

      La mayoría de las mujeres suelen sentirse contentas con el cambio que empieza a experimentar su cuerpo: ¡finalmente comienza a notarse el vientre abultado del embarazo! Sin embargo, para las mujeres que han sufrido algún tipo de desorden alimenticio este cambio tan rápido puede generar dificultades en la aceptación de la nueva imagen.

      En general, las madres consideran el segundo trimestre del embarazo como el más bonito de los tres. La presencia del bebé es notoria, pero al no ser tan grande las mujeres se sienten ágiles y enérgicas. Es el período en el que aparecen con más constancia los diálogos internos con el bebé, comenzando así la relación con él o ella como un ser singular, desde una vivencia muy íntima.

      La tercera y última fase 

      Comprende las últimas cuatro a seis semanas de gestación, y está caracterizada por las reacciones físicas, los bruscos cambios corporales ante un embarazo avanzado, y la preocupación por la cercanía del parto o la posibilidad de una cesárea. Es el período de los temores y el miedo a tener un parto prematuro, complicaciones, inducciones, posibilidad de cesárea e incluso aparecen algunas fantasías de que algo vaya mal en el parto o con el bebé.

      La ambivalencia afectiva es el afecto más intenso y frecuente que se observa en la mujer durante el embarazo, el parto, y en la relación con sus hij@s. Ésta (durante el embarazo) , se expresa a través de los temores, las dudas, los miedos sobre si “seré capaz de” (parir, aguantar el dolor, dar de mamar, ser buena madre, estar a la altura de, etc., etc.), o a través de los sentimientos encontrados de alegría por el embarazo y al mismo tiempo de hastío o molestia por los síntomas que éste pueda estar generando: nauseas, mareos, fatiga, pesadez, dificultades para descansar, etc.

      Muchos de estos sentimientos negativos, se viven en soledad. La venida de una nueva vida da tantas razones para la celebración que la expresión de lo negativo no suele tener cabida. Lo mejor que puedes hacer si te sientes agobiada o angustiada con estas emociones, es buscar espacios de escucha y comprensión: grupo de crianza o de lactancia, compartir estas emociones en la visita con la comadrona o, si es necesario, o una lo prefiere, buscar apoyo psicológico con una profesional especializada en el área perinatal. Lo más importante es no transitar la maternidad en solitario y buscar, desde antes que nazca el bebé, espacios de contención, orientación, acompañamiento y apoyo.

      Iliana París García
      Psicóloga Clínica

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