El desgaste de las parejas con hijos pequeños. Cómo cuidar la relación de pareja cuando se está criando.

      Las relaciones de pareja cambian con la llegada de los hijos, siendo los primeros 3 años de la vida de cada criatura particularmente duros y desgastante. ¿A que se debe este desgaste y qué podemos hacer para evitarlo?

       

      Con el transcurrir de los años, y la escucha de las parejas que atiendo en consulta, me he percatado reiteradamente de que hay aspectos fundamentales del convertirse en familia que nos asaltan de manera sorpresiva. Aspectos que tienen que ver con lo relacional, la intimidad, la comunicación y la toma de decisiones entre la pareja.

       

      La llegada de un bebé además de ser un momento único, gozoso y especial para los nuevos padres, puede generar, en el mediano plazo, ciertos malestares, fracturas o desencuentros durante el período de postparto y de crianza. Esto es debe, en parte, a que las demandas de las criaturas, el cansancio, la frustración y las dudas que la crianza genera, tienen el potencial de poner de manifiesto o hacer que reaparezcan antiguos conflictos no resueltos, así como dinámicas poco sanas e insostenibles en el tiempo, que colocan a las familias en una encrucijada continua: o se adaptan a la nueva situación y la elaboran, resultando de ello un vínculo fortalecido y maduro, o se generará un quiebre emocional y un distanciamiento en la relación.

       

      Se piensa y se habla poco (de manera seria y continuada) sobre cómo se va a transformar la relación de pareja cuando nazca el bebé, sobre el estilo de crianza que se quiere llevar, o los ajustes que ello implicará. Las parejas suelen invertir más energía en preparar el “nido físico”, en detrimento de la necesidad de la preparación para transitar por el postparto, o la de preparar el “nido psicológico”: hablar de lo que va a significar en sus vidas tener un bebé, de cómo se ven a sí mismos como padres, de quiénes van a ser sus referentes, de cómo se van a repartir las tareas de cuidado de la criatura, del tipo de apoyo que necesitará la futura madre de su compañero, de qué cosas pueden hacer para cuidar la relación de pareja a la par que se asume que lo más relevante, en ese momento, es cuidar del bebé, etc.

       

      En este sentido, las dinámicas y las prioridades de la pareja se reconfiguran. Los espacios para compartir en pareja son sino limitados, al menos diferentes y, la mayoría de las veces, se trata de situaciones novedosas e inesperadas para las que se carece de los recursos adecuados para resolver el conflicto. Ésta es, precisamente, una de las dificultades más importantes con las que se encuentran los nuevos padres.

       

      Por este motivo es vital, a ser posible antes de que nazca la criatura, conocerse más y mejor, establecer acuerdos previos al nacimiento, observar cómo son los roles de cada uno dentro de la relación, cuestionarlos y redefinirlos si hace falta. Recordar juntos la historia personal de ambos, los valores dentro de los cuales se ha crecido, discutir sobre cuáles de estos valores se quieren perpetuar, cuáles se quieren desechar y porqué, y negociar qué hacer con las diferencias. Ahora bien, ha de tenerse en cuenta que éste es un proceso, digamos preventivo, que sólo puede darse si la pareja está acostumbrada a comunicarse, a contarse lo que les pasa y a confiar en su compañero.

       

       

      Y, ¿qué pasa si no hemos hecho este trabajo, ya tenemos uno o más hijos, y estamos entonces chocando de morros contra esa realidad? Pues en principio, que se han de buscar espacios para poder hablar de ello y reflexionar sobre el asunto, teniendo en cuenta las características que la presencia de las criaturas le ha otorgado a la familia por un lado, y la dificultad añadida de la falta de disponibilidad y de tiempo, por otro. En consecuencia, se tendrá que hacer un esfuerzo mayor.

       

      Muchas veces los conflictos aparecen al cabo del tiempo, cuando ya hay desgaste acumulado por el cansancio, por falta de apoyos y por las diferencias en los criterios de crianza. A menudo la mujer se ha sentido sola, poco apoyada o poco comprendida durante el postparto inmediato por parte de su compañero, y esto es algo que debería hablarse y, de ser necesario, realizar los actos reparadores que se consideren pertinentes. En este mismo sentido, el hombre se puede sentir desplazado porque la presencia y los cuidados del bebé monopolizan toda la atención y la energía de su compañera, y es posible que él no haya encontrado aún cuál es su lugar en el nuevo sistema. Se trata de una situación común de la cual la pareja ha de hablar para evitar la acumulación de resentimientos y desencuentros que muy seguramente saldrán, más adelante, en forma de reproches.

       

       

      ¿Y… pasa algo con el sexo?

      Pues sí, que de él también se habla bien poco. La sexualidad también se recoloca durante los primeros años de crianza, y es habitual que algunas parejas pasen por una crisis importante antes de que las cosas vuelvan a ponerse en su puesto. Se trata de una cuestión que va mucho más allá de las relaciones sexuales (su calidad, duración y frecuencia). Se trata de la expresión de la sensualidad y el erotismo en el sentido más amplio: ambos miembros de la pareja, pues ya no son lo que eran, ni ocupan exactamente el mismo lugar en el Otro, deberán reaprender a relacionarse y a establecer nuevas dinámicas, en donde el juego, las muestras de afecto y la sensualidad necesitan de un protagonismo especial, más que la relación sexual en sí.

       

       

      Ha de tenerse en cuenta que el primer año de vida de una criatura no suele ser un año muy sexual para los progenitores. La mayoría de las parejas retoman las relaciones sexuales en algún momento alrededor de los 6 meses (un poco antes o incluso bastante después), y la recuperación del deseo en las mujeres se ve afectada por una multitud de variables: la primera y más importante es lo “indemne” que haya podido salir del paritorio. La vivencia del parto en la mujer puede afectar de manera muy profunda y prolongada su sexualidad. Otro elemento a tener en cuenta es la lactancia pues, al menos durante los primeros 6 meses (que es el período en el que el cuerpo produce prolactina), el deseo sexual puede verse inhibido.

       

       

      Sin embargo, el momento en el que cada mujer retoma las relaciones sexuales va a depender, por un lado, de un compendio de factores psicológicos y, por otro, de cómo ésta percibe que ha sido o está siendo el acompañamiento recibido por parte de su pareja: si ella percibe que su pareja ha estado implicada, ha sido comprensiva, la ha apoyado emocionalmente, le ha brindado los cuidados y el afecto que ha necesitado, la ha acompañado y no se ha apresurado a volver a su vida de antes, es más probable que se le encienda el deseo cuando se sienta preparada, que si el panorama ha sido más bien el contrario. Son muchas las mujeres que no desean retomar las relaciones sexuales debido a que se sienten profundamente enfadadas o dolidas por el poco apoyo que han recibido de sus parejas y, hasta que no se hable de ello y haya un reconocimiento de este malestar por parte del Otro, el encuentro se atrasa.

       

       

      pares amb bebè

       

       

      ¿Y, en términos generales, qué podemos hacer para cuidar la relación del desgaste cotidiano de la crianza?

      Lo más sencillo es decir que la pareja necesita tiempo de calidad para estar juntos y reencontrarse, pero todos los que tenemos hijos pequeños sabemos lo utópico que esto puede sonar…

       

      Aún y así, hay muchas cosas que se pueden hacer y que dependerán, en gran medida, del número de hijos y las edades que estos tengan. Aunque el tiempo de ocio (algo muy preciado y sostenedor para la pareja) sea escaso, siempre es posible conseguir algún espacio; para esto se debe poder hablar de cuáles son las necesidades y expectativas que tiene cada uno, y llegar a puntos en común. Muchas parejas tienen bastante con tener un rato de sofá, uno al lado del otro mientras ven una serie o se hacen un masaje, por ejemplo; otras prefieren el momento de la cena, una vez que los niños ya están durmiendo; hay quien busca la manera de poderse escapar a cenar fuera, ir al cine o dar una vuelta dejando a los hijos bajo el cuidado momentáneo de un familiar o una canguro. Lo fundamental es que, por pequeños que sean, puedan ser momentos de atención exclusiva (sin el móvil o las preocupaciones laborales, por poner algunos ejemplos de errores comunes que suelen cometerse).

       

      Es vital aprender a comunicar y a escuchar; y aquí cada uno ha de hacer un cierto ejercicio de autocrítica: ¿Sabemos expresar nuestras demandas y necesidades de la manera adecuada, diciendo realmente lo que se siente sin caer en acusar o culpabilizar al otro de la situación, estando atentos a si verdaderamente escuchamos al otro cuando habla o sólo usamos sus argumentos para contraargumentar?, ¿somos capaces de ver y entender las necesidades del otro y de tener disposición para ayudarle?, etc.

       

      En lo referente a la sexualidad, siempre y cuando ningún miembro de la pareja tenga resentimientos por cómo fueron las cosas durante el parto y/o el postparto, y mientras la mujer no haya tenido un parto traumático que le haya generado secuelas que deban ser tratadas, se puede comenzar a reavivar la apetencia propiciando un acercamiento progresivo, sin tener mayores expectativas ni ser exigente. Hay que buscar condiciones y situaciones que faciliten el deseo, por ejemplo proporcionando momentos de descanso y espacios de intimidad afectiva entre la pareja, en donde se pueda conversar sobre el sexo, sobre los deseos, fantasías, expectativas, temores y dificultades, aprendiendo o redescubriendo que existen muchísimas maneras de disfrutar y sentir placer con el otro, y que la genital es sólo una de éstas.

       

      Aún y así, también ha de asumirse que la ma/paternidad implica renuncias y que, al menos mientras los hijos son pequeños, el principal sacrificio será el del tiempo para compartir con la pareja “como antes” y el conectarse emocionalmente con ésta “como antes”. El vínculo y las dinámicas de pareja requerirán de una adecuación a las necesidades vitales del recién llegado hijo que se mantendrán mientras éste sea pequeño. En este sentido, tener un hijo es una gran oportunidad para el crecimiento, fortalecimiento, conocimiento y re-conocimiento de la pareja. Y, en caso de ser necesario, y si se perciben algunas dificultades para transitar este camino, no dudar en buscar a un profesional de escucha atenta y respetuosa que nos pueda ayudar y acompañar en este proceso.

       

      Iliana París García 
      Psicóloga Clínica

       

       

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