Problemas de fertilidad, cuando el embarazo no llega

      Según la Organización Mundial de la Salud, una Pareja presenta problemas de fertilidad cuando, tras doce meses de relaciones sexuales regulares sin utilizar ningún método anticonceptivo, del embarazo no llega o, si se produce, acaba en pérdida.

       

       

      Tal y como explican desde la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) una de cada seis parejas presenta este tipo de problema, representando el 15% de la población en edad reproductiva de los países occidentales y este porcentaje va en Aumento. A El Estado Español, entre un 12 y un 18% de parejas sufre dificultades en el momento de concebir o gestar un bebé y, de éstas, un 40% recurren a tratamientos de reproducción asistida para conseguir la tan deseada paternidad.

       

       

      Qué son exactamente los problemas de fertilidad?

      En países de habla hispánica se diferencia entre los conceptos de esterilidad e infertilidad. Siendo la primera la incapacidad para conseguir la gestación después de un año de relaciones sexuales, con frecuencia normal y sin utilizar métodos anticonceptivos; mientras que, por infertilidad, entenderíamos aquellos casos en que existe una incapacidad para generar gestaciones que lleguen a término y que incluiría los embarazos donde se da una pérdida gestacional y/o nacimiento prematuro.

       

      Es habitual también que se diferencie entre problemas de fertilidad primarios, si se dan desde el inicio, o secundarios, si se sufren dificultades después de un embarazo o gestación normal.

       

       

      Las causas de los problemas de fertilidad

      Cuando una pareja se encuentra en esta situación, lo primero que se planteará y que se tratará de encontrar a través de diversos procedimientos médicos es la causa de estos problemas.

      Hay muchas causas diferentes que pueden provocar limitaciones de la capacidad reproductiva de las parejas, ahora bien, esta situación está sufriendo un gran aumento en nuestra sociedad y se puede relacionar con dos aspectos esenciales:

      • Aumento de la edad de las mujeres que intentan conseguir el embarazo (la capacidad reproductiva de la mujer inicia un descenso normal a partir de los 30 años, mucho más acusado a partir de los 35 años y aún mayor a partir de los 38).
      • Descenso en la calidad del esperma (por lo que aún no hay una explicación clara, aunque se relaciona con el estilo de vida actual).

      No todas las causas afectarán a la pareja de la misma manera; desde aquellas que dificultan la probabilidad de que se produzca un embarazo de forma espontánea hasta las que impedirán de forma definitiva que éste se produzca.

      Como determina la SEF, tienen la misma frecuencia los casos que se deben a un factor masculino o un factor femenino (de un 35% aproximadamente en cada uno de los dos casos), un porcentaje mucho más pequeño (10-12%) presentaría causas mixtas y, en el resto (aproximadamente un 20% de los casos) no se encuentra ninguna causa que explique los problemas de fertilidad que se presentan; es la llamada infertilidad idiopática.

       

      Consecuencias emocionales

      Sean cuales sean las causas, la atención médica destinada a estas parejas debe ser siempre individual e inclusiva. Son los especialistas en reproducción asistida los que pueden valorar cada caso para escoger el recurso o recursos terapéuticos que mejor se adapten, teniendo también en cuenta la particularidad de las personas que tienen delante: sus deseos, preferencias… No debemos olvidar que son las parejas las que tienen la última palabra a la hora de elegir entre las diversas alternativas que les ofrece el especialista y que deben de poder decidir cualquier de las opciones: desde no hacer nada, hasta la elección de técnicas de reproducción asistida más invasivas.

       

       

      Es muy importante ofrecer acompañamiento personal e integrador a las parejas que presentan problemas de fertilidad y, a poder ser, que incluya también atención psicológica. Cuando una pareja está buscando activamente un embarazo que no llega, ambos miembros se enfrentan a una situación emocional difícil, tanto a nivel individual como relacional. No debemos olvidar que la infertilidad y la esterilidad generan una situación de gran incertidumbre en los afectados: desde los primeros dudas sobre si hay algo en nosotros que no acaba de funcionar, pasando por las inseguridades que pueden aparecer durante los tratamientos , hasta la pregunta que todos aquellos que se encuentran se hacen: podremos tener hijos algún día? es importante que las parejas sean conscientes de las emociones que pueden surgir, que tengan pautas para encarar al mismo y, sobre todo, que sepan que pueden acceder a ayuda profesional si lo consideran oportuno o necesario.

       

      Según la SEF, esterilidad e infertilidad son fuentes de estrés, angustia y, en ciertos casos, incluso depresión. La ansiedad y la sintomatología asociada a ella, el enojo, la falta de esperanza, los cambios de humor, las variaciones en nuestro optimismo con el proceso y la sensación de que todo gira en torno este tema son emociones recurrentes ante de esta difícil situación. A menudo los problemas de fertilidad también despiertan sentimientos de impotencia y/o culpa en la persona, que pueden llegar a despertar la sensación de que algo no funciona correctamente en nosotros y hacer tambalear la autoestima. Pensamientos como “por qué a mí?” o “qué he hecho mal?” se vuelven recurrentes.

       

       

      Podremos tener hijos algún día?

      A nivel de pareja, también pueden aparecer conflictos ante esta situación; los más frecuentes suelen ser la sensación de que uno de los dos se implica más en el proceso que el otro o la percepción que la pareja nos culpa por los problemas de fertilidad. La realidad es que las diferencias entre mujeres y hombres y también a nivel personal de cada uno como individuo, hacen que cada miembro de la pareja responda de forma diferente a los problemas de fertilidad. Si, además, tenemos en cuenta que las técnicas de reproducción asistida inciden físicamente más sobre la mujer, que es quien recibe el tratamiento, estas diferencias (de estado de ánimo, de implicación, de pensamientos, de ganas de contacto íntimo con el otro …) aun se pueden acentuar más.

       

       

      Ante estos sentimientos, todos ellos válidos y normales en situaciones como la planteada, es importante: a nivel individual, aceptar la ambivalencia y las emociones que se nos despiertan, compartir todas las dudas que tengamos con el personal médico que nos atiende y buscar ayuda si lo consideramos oportuno; como pareja, la comunicación resulta vital en este momento crítico de la relación (una comunicación que permita compartir emociones y dudas sin atacar al otro), así como el respeto hacia los sentimientos y la forma de mostrarlos de cada uno. No podemos olvidar que, a pesar de las diferencias, estamos pasando juntos por esta situación y esta representa un momento difícil para todos.

       

       

      La esterilidad y la infertilidad, sobre todo si se alargan en el tiempo, pueden llegar a hacerse asfixiantes para las personas que las padecen. Es frecuente que esta problemática acabe convirtiéndose en el centro de todo, marcando el ritmo de nuestro día a día, desde las relaciones sexuales hasta los planes para las vacaciones; cuando esto va ocurriendo mes tras mes, año tras año, puede resultar difícil ver más allá. Resulta vital para el bienestar psicológico de las personas que no toda nuestra felicidad gire en torno a un único objetivo . Tener otros proyectos, compartir momentos de diversión con la pareja y aceptar que hay varias maneras de convertirse en padres, será clave para nuestro bienestar.
       

      La realidad es que las mujeres y los hombres que se enfrentan a la esterilidad y la infertilidad se encuentran en una situación delicada, que los hace vulnerables a sufrir ciertos sentimientos negativos, relaciones conflictivas y baja autoestima, entre otros.

       

       

      Pedir información sobre las diferentes opciones, rodearse de profesionales que nos generen confianza, dejarse tiempo para reflexionar, hablar con otras parejas que hayan vivido una situación similar y asistir a un psicólogo especializado en el tema, pueden ser buenas herramientas para afrontar mejor los problemas de fertilidad.
       

      Guida Rubio Faus
      Psicóloga perinatal
      Co-fundadora de la associación ANHEL, associación de familias en duelo del Vallès

       

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